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El agua como bien económico: Retos de gestión y valorización

El agua como bien económico: Retos de gestión y valorización

03/01/2026
Matheus Moraes
El agua como bien económico: Retos de gestión y valorización

El agua, esencial para la vida, no es solo un recurso natural, sino que adquiere la categoría de bien económico cuando enfrenta la escasez y la demanda humana.

Su gestión equilibrada es crucial para el futuro del planeta y la sociedad, integrando dimensiones que van más allá del mercado.

En un mundo con crecientes presiones ambientales, comprender este concepto es el primer paso hacia soluciones sostenibles y justas.

Conceptos clave sobre el agua como bien económico

El agua se define como bien económico cuando presenta características específicas que la diferencian de los bienes libres.

Estos incluyen la escasez, la utilidad para satisfacer necesidades humanas, y la posibilidad de regulación mediante actividades técnicas.

Bajo la racionalidad económica instrumental, su valor se basa en la utilidad generada en actividades productivas como la agricultura o la industria.

Este enfoque, originado en el siglo XVIII, ha dominado la gestión del agua, convirtiéndola en un input para el desarrollo.

Sin embargo, el agua no es una mera mercancía; su valor económico debe integrar aspectos sociales y ecológicos.

Retos de gestión: escasez, privatización y modelos dominantes

La escasez natural del agua frente a demandas crecientes plantea retos significativos en su gestión económica.

Grandes consumidores, como la agricultura y la industria, a menudo no pagan precios que reflejen los costos reales, generando ineficiencias.

  • El modelo de mercado y la privatización no resuelven problemas de recursos finitos; estudios como los de Ostrom critican que ni el mercado ni la privatización garantizan sostenibilidad.
  • El agua es también un bien público y un bien común, con beneficios no exclusivos y un patrimonio ecosocial vital.
  • La fiscalización estatal es esencial para evitar monopolios privados y garantizar el acceso equitativo.

Agua marina o continentales ganan valor económico a través de regulación técnica, como la desalinización, pero esto no debe eclipsar su carácter vital.

La Directiva Marco del Agua en Europa la trata como un patrimonio a proteger, enfatizando su dimensión pública.

Valorización: dimensiones económica, social y ecológica

Para una gestión integral, es crucial reconocer las múltiples dimensiones del valor del agua.

Este enfoque va más allá del precio, abarcando aspectos que sustentan el bienestar humano y ambiental.

El valor integral del agua, según autores como Arrojo Agudo, incluye potenciales económicas, ecológicas y sociales, a menudo subestimadas.

  • En la dimensión económica, el tratamiento y depuración del agua son actividades que generan empleo y desarrollo.
  • Socialmente, el acceso a agua limpia reduce enfermedades y mejora la calidad de vida, siendo un derecho humano fundamental.
  • Ecológicamente, los ecosistemas acuáticos proporcionan servicios vitales, como la regulación del clima y la purificación natural.

Casos históricos, como los aguadores, muestran cómo el abastecimiento ha evolucionado, pero la esencia del valor social persiste.

La compatibilización de usos, como en la Laguna Sariñera, ilustra la necesidad de balance entre agricultura y conservación.

Enfoques alternativos y paradigmas de gestión

Frente a los modelos tradicionales, emergen enfoques que priorizan la sostenibilidad y la equidad.

La Nueva Cultura del Agua, promovida por Barkin, establece jerarquías claras para la gestión.

  • Prioridad número uno: agua para la vida, asegurando el sustento básico humano y ecosistémico.
  • Sustentabilidad de ecosistemas, manteniendo funciones naturales críticas para la biodiversidad.
  • Interés social, garantizando acceso justo y participación comunitaria en decisiones.
  • Desarrollo económico, integrando actividades productivas sin comprometer los otros niveles.

Este paradigma rechaza la gestión puramente mercantil, criticando el maltrato societal hacia los recursos hídricos.

Un cambio de visión es necesario: de instrumental a equilibrada, donde el agua no sea vista como mercancía, sino como patrimonio.

  • La regulación a través de derechos de uso con responsabilidad puede complementar, pero no reemplazar, la gestión estatal.
  • Los mercados a menudo fallan en considerar límites naturales, por lo que se deben integrar costos ecológicos y sociales en los precios.
  • Enfoques como los de Ostrom enfatizan la gobernanza comunitaria y la cooperación para recursos comunes.

La gestión sostenible requiere políticas públicas que fomenten la innovación tecnológica y la educación ambiental.

Hacia un futuro con agua para todos

La conclusión es clara: el agua para la vida debe primar sobre el utilitarismo económico en todas las decisiones de gestión.

Una gestión equilibrada que integre las dimensiones económica, social y ecológica es esencial para enfrentar retos como el cambio climático.

Esto implica fortalecer la fiscalización estatal, promover la Nueva Cultura del Agua, y valorar el agua como bien común.

  • Acciones prácticas incluyen inversión en infraestructura sostenible, como sistemas de recolección de agua de lluvia.
  • Fomentar la participación ciudadana en la planificación hídrica para asegurar transparencia y equidad.
  • Desarrollar tecnologías de bajo costo para el tratamiento y reutilización del agua en comunidades vulnerables.
  • Implementar políticas de precios que reflejen costos reales, pero con subsidios para garantizar acceso básico.
  • Proteger ecosistemas acuáticos mediante áreas conservadas y restauración de humedales degradados.

Al final, el agua no es solo un recurso a explotar, sino un legado para las generaciones futuras, merecedor de respeto y cuidado integral.

Inspirémonos en estos principios para construir un mundo donde el agua fluya libre y justamente para todos.

Matheus Moraes

Sobre el Autor: Matheus Moraes

Matheus Moraes es autor en HazFuerte y crea artículos orientados a gestión financiera personal, control del presupuesto y crecimiento económico responsable.